Bajando las escaleras de madera hasta la cocina me encontré con un viejo que, tomando un sorbo de su té y agregándole una cucharada de azúcar me miró a los ojos y me preguntó que ¿qué estaba haciendo?, yo le respondí que solo bajaba por algo de cenar, mientras señalaba el refrigerador. Sus ojos, efusivos, me proponían quedarme a su lado a escuchar alguna de sus amenas anécdotas. El olor a hierbabuena y su discreta sonrisa, me hizo por fin sentarme enfrente de él, en esa mesa redonda, en donde la comida se hace manjar. Un silencio incómodo se hizo presente, pero presuroso venía uno de sus recuerdos, estaba ya en su mente y empezó a hablar, a contármelo:
-Una vez- me dijo- un hombre que fue a comprarme poliducto a la fábrica , me detuvo y me dijo que me quería contar algo. Yo, dándole la palabra, le dije que con gusto escucharía su conversación. Se paró enfrente de mí y comenzó a narrar algo que se me hizo muy extraño, pues creo que ya lo había escuchado de otro lado o solamente se me hizo raro.- tomó un segundo para respirar y continuó- Su historia comenzaba maso menos así: Había una vez en un pueblo muy pequeño llamado Tancitaro, el cual esta ubicado en Michoacán, un niño de la edad de maso menos 6 años, ojos verdes, piel cuan leche y un sol estrellado y posado en la cabeza con rayos destellantes, si, típico michoacano, guapo el ``condenado´´. Sin embargo su belleza no fue lo que me llamó la atención. ``Perdón, olvide mencionar que yo tenía un carrusel en la plaza de este pueblo, el cual funcionaba solamente durante las noches´´. Entonces yo estaba teniendo mi jornada nocturna. Apretando el botón para que empezara a funcionar y a correr la primera vuelta. A lado del carrusel había un árbol y en este árbol había un niño. Esa vez pensé que solo lo vería en esa ocasión, sin embargo ya se me hacía costumbre verlo todas noches , subido en ese árbol, solamente mirando como la gente y los niños , con tanta alegría, pagaban su boleto para poder subir a éste juego. Este niño no tenía muchos recursos, estaba privado de un poco de diversión, sin embrago nunca lo vi triste, al contrario, cada vez que regresaba tenía una mirada mas fuerte, que cautivaba mi emoción. Hasta que un día ya no se apareció y no lo volví a ver hasta ahora, que esta enfrente de mi.- Se quedó en silencio de nuevo.- Mis ojos se inundaron de lágrimas y subí presurosa a mi cuarto, diciéndole a mi cabeza que yo no servía, que era una MIERDA y todo el tiempo reclamándome a mi misma de todos los errores que había estado cometiendo.
Lo mismo que la gestación de un bebé, lo que basta para crear una nueva vida y lo necesario para darse cuenta de lo que es querer hasta los huesos. Darse cuenta que la vida dura muy poco, que las SIMPLES personas van y vienen, pero que la complejidad de otras se vuelve el complemento total de tu existencia.

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